Agarrarse a la vida
alma y lo que más llama la atención es su mente despierta y la conversación /fluida, muy divertida. Es una gozada estar junto a ella. Espanta el aburrimiento.
Mirando al mar

Nací en un pueblo que mira al mar, un pueblo acariciante, cuya alfrombra verde del platanal,
símbolo de la esperanza, quiere decir que todos los habitantes tenemos la ilusión de que nuestros sueños se realicen.
Un pueblo protegido por esa Cruz que está velando, en la ladera y a sus pies el caserío con la ermita en el centro con su vencedor, San Miguel Arcángel, nuestro patrón y también el de la Isla. Y esa plaza romántica con la pérgola al centro, donde nosotros, al frescor de sus enredaderas, cerramos
los ojos y a nuestra mente acuden esos recuerdos de nuestra juventud que nunca mueren.
Nací en un pueblo que mira al mar, y cuando me alejo, enfermo de nostalgia, porque hasta el aire que respiramos es distinto, tiene una melodía que canta, ese susurro que al soplar majestuosamente, los árboles bailan dialogando con aquel pájaro que huye y con aquella flor que siempre tropezamos cuando por esos senderos buscamos la verdad de esos sentimientos que están dentro de nosotros, libres, revoleteando en nuestra alma, y que nos hacen meditar.
Nací en un pueblo que mira al mar, pueblo de leyenda y de poetas. Me distrae escribir. Sólo sé cuatro reglas. No tengo ni cultura ni conocimientos. En mi época no había estos buenos colegios con profesores que se desviven por enseñarnos. Esto me apena, porque yo siempre he ambicionado saber. Siempre he leido mucho, y al mismo tiempo pienso en lo triste que será no saber leer. Todas las personas que no posean esta facultad, llave de toda sabiduría, no disfrutan del suave influjo que dá el roce de las ideas ajenas.
No tengo horas de soledad ni melancolías, porque no hay ningún libro que no tenga una página
que no tiemple las sangrientas heridas de un dolor moral. Leyendo, el pensamiento goza, y todo lo demás se evapora, como nubes vespertinas que pasan rápidamente. ¿Cuántos dolores han perdido magnitud ante las verdades inmortales de esas páginas!
“Mirando al mar”
Envuelto en sus perfumes
en la madrugada
tórnase en tibio sol al mediodía.
Tazacorte se duerme con dulces melodías,
y en la avanzada noche al ruido desafía.
Quietud inmensa, calma obstinada.
Pueblo que ríe como un chiquillo enamorado,
rayos de luces en la alborada,
trinar de avecillas asentadas
entre las ramas de su arbolada.
Contorno de suavidad,
plaza romántica,
puestas de sol sin rival.
Abanico de flores son sus mujeres
que perfuman mi pueblo que mira al mar.
Leyenda inquieta, cielo estrellado
donde las almas de los que mueren moran
tras esa cortina abrillantada…
o plomiza como las tempestades.
Sueña el poeta, el gallo canta,
susurra el viento en el platanal.
Besos cargados de poesía
mi pueblo encierra
mirando al mar.
