…Era un jardín sonriente
era una tranquila fuente
de cristal.
Y era a su borde asomada
una rosa inmaculada
de un rosal.
Al recordar esta poesía de los hermanos Álvarez Quintero, me viene a la mente la historia de dos niñas, Margarita y Dalia, que gira alrededor de su amor por las flores y un jardín su mundo encantador.
Sus nombres se los puso su madre, por su devoción hacia las flores. Asociadas a todos los actos de su vida por su dulce simbolismo. Las flores, decía su madre, son motivos que poetizan con sus perfumes y colores.
Les gustaba salir a pasear por los alrededores, sin apartarse mucho. Un día, se alejaron un poco y se encontraron con algo que las maravilló. Una casa muy bonita, rodeada de un hermoso jardín. Se acercaron y vieron que eran tierras cercadas que prohibían la entrada a personas ajenas a la propiedad. Pero Dalia, al recibir el aroma a rosas y jazmines, que venía de la parte trasera de la casona sabía que tenía que haber un jardín.
Al oír los ladridos de unos perros, los dueños se acercaron a la entrada, tropezándose con las dos chicas que intentaban alcanzar el muro, sin asustarse de los animales.
Los dueños, gentes bondadosas, invitaron a entrar a las niñas a la finca. Las flores entreabiertas, que mostraban al astro rey sus corolas llenas de gotas redondas, como perlas, dejaron a las hermanas maravilladas, pudiéndose leer en su rostro un cúmulo de sentimientos. ¿Habrá algún ser en el mundo a quién no agraden esas joyas de la naturaleza? ¿Y habrá por ventura quien al contemplarlas no sienta, allá en los abismos de su afma, un secreto impulso de gratitud y admiración hacía Dios?
Sus charlas con la señora eran muy amenas y al despedirse no faltaba el ramillete de flores con que las obsequiaba para su madre.
Pero un día, terminó aquella felicidad: no encontraron la verja abierta, sino tan sólo a la corpulenta sirvienta, que les refirió lo sucedido. La señora había perdido a su único hijo y fue preciso sacarla de aquellos parajes, donde se lo recuerda constantemente.
-¡ Oh, cuánto lo siento! ¿Qué harán con la casa?-
-Cerrarla y algún día la venderán –
Las niñas al pasar por delante de la propiedad, miraban atreves de la reja.
-¡ Qué pena, dice Margarita, mirando al jardín. Se nota ya su abandono. Las flores están muertas, las hojas caídas, nadie las ha barrido, parece una alfombra triste! ¿No podríamos arreglar algo? Supongo que eso no perjudicará a nadie. Lo consultaré con mama.-
-Si me prometen no causar ningún daño, creo que no hay ningún inconveniente en que cuiden las plantas. A ustedes les encantan las flores y ellas agradecerán la atención. Correspondamos al cariño de la dueña. -
Tomaron sus pequeñas herramientas que utilizaban con maestría y se apresuraron a empezar a trabajar.
En poco tiempo dejaron limpios los senderos y las flores airosas eran un recreo para la vista.
Nadie se acercaba por allí . Al llegar la primavera, el jardín olvidado tenía un aspecto maravilloso. Los pajarillos, en la arboleda, cantaban alegrando el ambiente.
Muchas tardes llevaban la merienda. Se sentaban y disfrutaban oyendo el susurro de la brisa en las matas.
De pronto Margarita dió un grito y señaló la verja que se abría. Pudieron ver un anciano distinguido que se apoyaba en un bastón. Miraba asombrado las flores. Se inclinó para respirar el perfume que se desprendía de unas rosas. Al mismo tiempo, sorprendido por las niñas, reconociéndolas, les preguntó que hacían allí.
-Ahora merendamos ¿ quiere compartir nuestro pan?
-Gracias, dijo, pero me gustaría saber quién ha cuidado el jardín durante nuestra ausencia. Dí órdenes al jardinero de que no siguiese viniendo a trabajar, pero sin duda ha venido. No se ve una hierba. Las flores parece que quieren hablar. Nunca he contemplado el jardín tan bonito.
-Somos nosotras, contestó Dala. La señora fue buena para mi familia y hemos querido hacer algo para agradecerle sus atenciones. Es un placer arreglarlo y mimarlo. ¡Volverán ustedes a la casona?
-Mi esposa está esperándome en el coche. Hemos venido por unos documentos. No obstante voy a buscarla para mostrarle lo que habéis hecho, buenas niñas.
Se alejó y en breve apareció con su mujer muy asombrada al ver el jardín tan bien cuidado.
-¡Queridas mías! exclamó besándolas. ¿Vosotras habéis hecho esto en mi honor?
-Sí, contestó Margarita. Vuelva a vivir aquí. La necesitamos.
-Está todo tan hermoso, que me siento inclinada a aceptar.Lo pensaré, añadió sonriendo. Mi marido está enfermo y en las grandes ciudades no se puede pasear.
Al poco tiempo aparecieron los señores: Fueron a visitar a sus amigas. El tiempo templa el dolor, incluso lo desaparece. Y aprendieron las jóvenes, cuanto más notable es una persona, tanto más cortésmente se comporta con un inferior.
-Quiero darles una noticia. Volveremos ha habitar la mansión como antes y deseamos que usted y sus hijas vengan a vivir con nosotros. Nos encontramos muy solos. Será usted la encargada y cuidará la casa. En cuanto a las niñas, que son unas mujercitas, les pagaré un buen colegio.
No podían creerse lo que oían y bailaban de alegría. En cuanto la madre, tuvo que sentarse y lloró de gozo.
No tardaron en verse instaladas en la casa, donde disponían de todo, y en cada rincón se respiraba amor. Contrataron otra vez al jardinero que recibió a las niñas como auxiliares, pues lo primero eran los estudios.
¡Todo el mundo era feliz! Y todo se debe a que un verano, mirando a través de la verja, presintieron por el aroma que embalsamaba el aire, que allí tenia que haber un jardín.
… Mariposa, voladora
Alevilla hermosa, libadora de la rosa y del jazmín.
Di gozosa ¿qué flor quieres del jardín?
¿Qué prefieres para tí?
¿Una rosa primorosa o el oloroso jazmín?
Todas ellas las prefiero
para mí todas bellas y olorosas
todas quiero por hermosas:
de la rosa al jazmín.
Pero flores como Dalia y Margarita
perfuman aún más con su presencia este bonito jardín.